
El sapo no sabía saltar, el sapo simplemente reptaba. Se encontraba en una charca del norte del Amazonas y no era capaz de pegar un salto. Todo se reían de el. Pobrecito, no era capaz de saltar. Se quedaba mirando, desde pequeñito, como todos sus amigos se divertían jugando al Salti Salti o al Santipagas, y él todo aburrido se quedaba mirando como un tonto. Se entretenía con juegos con piedras, un tres en raya por ejemplo, pero nada el sabía que no era lo mismo. Una tarde calló una tro...
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