Tercera parte del cuento:
Lilí Lolé Willi Porqué.
Una divertida y disparatada historia
para los pequeños preguntones.
Willi se dice: ¡Menudo Chasco!
pero enseguida al tío pregunta:
«¿Y cómo fue, tio Eduardo,
que no sonó en la radio la música?».
«Porque la orquesta, muerta de risa,
en calcetines vio al director,
el dedo gordo se veía
¡vaya jolgorio se formó!
En una acera sus dos zapatos se le pegaron sin más ni más.
¡Estaba el pobre avergonzado
y no podía marcar el compás!»
Entonces willi vuelve a animarse
y escucha todo satisfecho.
«¿Y los zapatos» , quiere enterarse,
por qué se pegaron así en el suelo?»
«Por una orden que dio el alcalde:
el encargado de carteles
embadurnó con cola las calles
en vez de hacerlo con las paredes.
Al mismo tiempo mandó a otra gente
que a las paredes dieran asfalto.
¡Ay, el alcalde, que ideas tiene!
Todo al contrario lo va ordenando.»
Willis e rie a sus anchas.
¡Menudo lio que preparó!
«¿Por qué el alcalde cosas tan rara
aquel buen día les encargó?»
«Su voz conocía el vecindario,
mas por teléfono la mayoría
y, por desgracia, en ese caso
alguen su voz imitando había.
El propio alcalde se habia marchado
y realmente no estaba allí.
Por él habló su papagayo
rojo, amarillo y azul turquí.»
Y a Willi mucho le gustaría
saber entonces qué más pasó
y le pregunta: ¿Por qué ese día
el propio alcalde no fue el que habló?»
«Estaba enfermo, metido en la cama
muy, muy pachucho, muy delicado;
había perdido del todo el habla
por un gran susto que había llevado.
Nariz y boca del estupor
abiertas tenía de par en par.
Le dijo el médico: «Tenga valor
que esto muy pronto se pasará».
Las pastillas y los medicamentos
Willi no quiere ni que le nombren,
y así pregunta con miramiento:
«¿Por qué le dio tanto sustísimo a ese señor?»
«Desde una torre había mirado
la noche antes, de luna llena;
desde allí vio un montón de gatos
por los tejados y en las aceras.
Todos los gatos llevaban en el cuello
una pajarita, corbata o lazo
que anteriormente – tenlo por cierto –
pertenecía al tío Eduardo.»
Willi pregunta muy asombrado:
«¿ Entonces no puedes ya nunca más
llevar parajita, corbata o lazo?
¿Por qué los tuviste tú que tirar?».
«¡Porque en realidad no me hacía falta!»,
se ríe el tío alegremente.
«Con esa barba tan larga y blanca
ya no podía verlos la gente!
¡Y así llegamos, querido niño,
justo al lugar dónde empezamos,
así que empieza ya por el principio
si es tu intención seguir preguntando!».
Y Fin de éste maravilloso cuento sobre las eterna curiosidad de los niños y niñas, donde todas las historias les divierten y viven imaginando y soñando. La sonrisa curiosa de un niño como Willi es lo que nunca debemos perder, por grandes que seamos. ¡
Esperemos os haya gustado porque colorín colorado este preciosos cuento en verso se ha terminado!